La moral de la corrupción

21May14

Entre Friedman y Ghersi

Las convicciones morales no están ausentes de la decisión de ser corrupto. El hecho es que, siendo la moral subjetiva, tales convicciones forman parte de un entramado de preferencias que alteran la percepción de los costos y beneficios. El problema no consiste en determinar si la gente es mala o buena, sino a qué precio decide ser mala o buena. Es decir muchos de los que hablan en contra de la corrupción no se presentan como corruptos pero lo son desde la lógica económica, porque consideran que los actos que desarrollan merecen todo el tiempo e información que sea necesario, y por lo tanto corrompen el sistema para alcanzar su propio objetivo, que en palabras disfrazadas tratan de hacerlo de todos.

El fenómeno de la llamada economía informal es exactamente un caso en el que se admite la corrupción en sentido conceptual y como consecuencia de un sistema institucional excesivamente costoso. Hay muchas personas a las que no les queda más remedio que ponerse al margen y aún en contra de la ley para desarrollar fuera de ellas sus actividades económicas y sociales. Por supuesto, no puede argumentarse que los informales son seres necesariamente corruptos, cuya degradación moral los lleva a optar por el camino de la perdición. Se trata de gente a la que el alto costo de la ley ha empujado hacia la ilegalidad pese a que el contenido de sus acciones es moralmente legítimo.

 

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