La moral en el miedo a los cambios.

24Jan15

Quizás todo indicaba que debía continuar, de hecho, la ley general así lo especificaba. Pero atento a ir en contra de generalizaciones berretas, me detuve. ¿Porque apurarme? La sinceridad, el descubrimiento y sobre todo el respeto me dieron el lugar.

Al principio no tenia más que las fuerza del intelecto, que luchaba en solitario contra la inseguridad disfrazada de moral, esa vacilación que no hacia más que intentar silenciar pulsaciones, cuya intensidad se media en ideas y se alimentaba inconscientemente del aire.

Se hizo manifiesto que la necesidad rompió la resistencia de un convencimiento desgastado, y sin saberlo, fue ocupando los espacios vacíos que genera encerrarse en un pensamiento desarticulado y carente de peso propio. La necesidad es peligrosa dicen las abuelas, y es porque “por necesidad” los caprichos se vuelven certezas, se nubla la vista hacia la realidad y sobre todo se confunden los verdaderos propósitos que le dan motivo a las búsquedas.

Quizás nunca debí empezar a entender y comprender cada palabra. Por más que las acomode y les encuentre sentido, siempre va a haber una interpretación que me vuelva al inicio o con suerte me haga retroceder algunos lugares.

Para entender y comprender cada palabra fue necesario no creerlas, se que es difícil de aceptar, pero si las creía les daba un valor que algunas de ellas no tenían. A veces eran escondites para los miedos, otra veces declaraciones veladas acompañadas por un breve silencio. Por momentos esas palabras perdían el valor que ostentaban ayer, y prometían recuperar su total audacia en un futuro incierto atrincherado en el constante ida y vuelta donde se alojan los después.

No crea usted que mi rechazo al ida y vuelta, es un atentado hacia el cambio, no me mal interprete. Pero entienda que cambiar no es titubear, aunque a veces sea confuso. El verdadero cambio debe ponerlo a usted en un lugar diferente, el titubeo, por otro lado solo le garantiza la incertidumbre, entiende. Si quiere cambiar, usted deja una cosa por otra, no mantiene todas por miedo a perderlas, eso es otra cosa.

Quizás, cuando debí detenerme, decidí seguir adelante, porque las costumbres son el disfraz más cómodo que tienen la negación y la aceptación. Justamente, lo distinto no es lo acostumbrado y si lo mide con la misma vara, siempre va a encontrar una excusa para escaparse. Lo distinto es diferente, otra cosa, entiende.

No se asuste, pero el cielo esta perdido, allí no se aprecia el intelecto, los dioses solo valoran la moral.

“We have no respectworthy evidence that the human being has morals. He is himself the only witness. Persons who do not know him value his testimony. They think he is not shallow and vain because he so despises the peacock for possessing these qualities. They are deceived into not regarding him as a beast and a brute, because he uses these terms to disapprovingly describe qualities which he possesses, yet which are not possessed by any creature but himself. On his verbal testimony they take him for every creditable thing which he particularly isn’t, and (intentionally?) refrain from examining the testimony of his acts. It is the safest way, but man did not invent it, it was the polecat. From the beginning of time the polecats have quite honestly and naively regarded themselves as representing in the animal kingdom what the rose represents in the vegetable kingdom. This is because they do not examine.”

Mark Twain

 

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